• Inicio
  • Blog
  • ¿Cómo gestiono mi deseo sexual en la soltería?

¿Cómo gestiono mi deseo sexual en la soltería?

¿Cómo gestiono mi deseo sexual en la soltería?

Hay una pregunta que llega a nuestro consultorio casi todas las semanas: «¿qué hago con lo que siento si no tengo pareja?». La hacen personas de veinte y de cuarenta y cinco, solteras de toda la vida, separadas hace dos años, viudas hace diez. Y la mayoría la hace después de haberla postergado durante mucho tiempo, convencida de que era una pregunta que no correspondía. Corresponde. Y merece una respuesta que no sea ni «aguantá» ni «hacé lo que quieras».

El deseo no se apaga porque cambió tu estado civil

Empecemos por lo más básico, que es también lo que menos se dice. El deseo sexual es una función del organismo, no una decisión. Está sostenido por hormonas, por circuitos nerviosos y por la historia de cada persona. No tiene un interruptor de encendido y apagado, y desde luego no consulta si estás en pareja antes de aparecer.

Esto importa porque muchísima gente vive la soltería como si su sexualidad estuviera en suspenso administrativo, esperando la firma de un papel para activarse. Y cuando el cuerpo hace lo que hace —desear— aparece la conclusión de que algo está fallando. No falla nada. Está funcionando exactamente como corresponde.
La pregunta útil, entonces, no es «cómo hago para no sentir esto». Es «qué hago con esto que siento».

Lo primero: distinguir deseo de otras cosas

Una parte importante de lo que las personas identifican como deseo sexual, en realidad no lo es. Es otra cosa que llegó vestida de eso.
En consulta vemos con mucha frecuencia que el impulso aparece en momentos muy específicos: el domingo a la noche, después de una discusión familiar, en una semana de mucha ansiedad laboral, cuando llega una noticia difícil. Ahí el cuerpo no está pidiendo sexo: está pidiendo regulación. Está buscando la vía más rápida que conoce para bajar el malestar.

Distinguir esas dos cosas cambia todo el abordaje. Si es deseo, hay decisiones que tomar sobre qué hacer con él. Si es ansiedad, soledad o aburrimiento disfrazados de deseo, atacar la conducta sexual es atacar el síntoma y dejar intacta la causa — y por eso no funciona nunca, por más voluntad que se le ponga.
Una forma sencilla de empezar a distinguirlo: durante dos semanas, anotar en el teléfono qué estaba pasando media hora antes de que apareciera el impulso. No lo que hiciste después. Lo que estabas sintiendo antes. El patrón aparece rápido y suele ser revelador.

Segundo: la culpa no es una estrategia

La herramienta que la mayoría de las personas usa para gestionar su sexualidad en soltería es la culpa. Y la culpa, en este terreno, no solo no funciona: empeora las cosas.

El mecanismo es este. La culpa genera malestar emocional. El malestar emocional pide alivio. Y el alivio más disponible, el que ya está en el repertorio, es la misma conducta que generó la culpa. El resultado es un circuito que se retroalimenta y que la persona vive como una falla de carácter, cuando en realidad es un problema de diseño del sistema con el que está intentando resolverlo.

Esto no significa que no haya lugar para los valores. Significa que los valores funcionan como brújula —hacia dónde quiero ir— y no como látigo. Alguien que se orienta por lo que quiere construir toma decisiones distintas, y sostenibles, respecto de alguien que se orienta por el miedo a lo que va a sentir después.

Tercero: la soltería no es una sala de espera

Hay una idea instalada, sobre todo en contextos de fe, según la cual la vida sexual y afectiva de una persona empieza el día que se casa, y todo lo anterior es prólogo. Esa idea produce dos daños concretos.

El primero es que la persona llega al matrimonio sin haber tenido jamás una conversación honesta sobre su propio cuerpo, sus respuestas, lo que le gusta y lo que le incomoda. Y descubre —a veces con enorme frustración— que la información no aparece sola en la noche de bodas.

El segundo daño es más silencioso: la persona vive años sintiendo que su vida real todavía no empezó. Y eso tiene costos que no son sexuales. Son costos de identidad, de proyecto y de vínculos.

La soltería tiene contenido propio. Es una etapa donde se puede construir autoconocimiento, criterio para elegir, capacidad de poner límites y una relación con el propio cuerpo que después va a sostener cualquier vínculo que llegue. Nada de eso es tiempo perdido.

Cuarto: lo que sí se puede hacer

Cuatro cosas concretas, que son las que trabajamos habitualmente en consulta:

Conocer tu propio cuerpo con criterio, no con clandestinidad. 
Saber cómo respondés, qué te pasa, qué te resulta cómodo y qué no, es información que vas a necesitar sí o sí. Adquirirla desde el conocimiento y no desde la vergüenza cambia radicalmente la experiencia.

Revisar qué consumís. 
La pornografía, específicamente, tiende a producir un aprendizaje que después complica los vínculos reales: acelera tiempos, distorsiona expectativas y desconecta el placer del encuentro con otra persona.

Cuidar la vida no sexual. 
Suena lateral y no lo es. Las personas con vínculos de amistad sostenidos, actividad física y proyectos propios reportan mucho menos malestar en este terreno. No porque el deseo baje, sino porque el deseo deja de ser el único lugar donde se busca calma.

Hablarlo con alguien. 
Este es el punto más difícil, porque en la mayoría de los entornos —familiares, comunitarios, religiosos— no hay con quién. Por eso existen los espacios profesionales: para tener esa conversación con alguien que tiene formación, que no se escandaliza y que no lo va a contar.

¿Cuándo conviene consultar?

No hace falta estar en crisis. Conviene consultar cuando la sexualidad ocupa un lugar en tu cabeza que interfiere con el resto de tu vida, cuando llevás más de seis meses intentando algo que no funciona, cuando aparece malestar sistemático después, o cuando hay una historia previa —abuso, una experiencia dolorosa, un mensaje muy rígido en la infancia— que sigue apareciendo.
Y también, sencillamente, cuando querés entenderte mejor. Esa razón alcanza.
Y si querés hablar con alguien, el primer paso es una videollamada breve donde ordenamos juntos qué te está pasando y con qué profesional del equipo conviene seguir. La agendás vos, eligiendo día y horario en este link.


Comentarios (2)
Unirse a la conversación
Escribe tu comentario…
Aún no hay comentarios en este artículo
Te puede interesar
Accede con tu cuenta de sexualidadconsentido
¿Ya tenes cuenta?
Iniciar sesión
Cerrar X